La Tercera Lección De Libertad

El sabio guerrero se encontraba una vez más sentado confortablemente delante de la chimenea, rodeado por sus juveniles aprendices de la libertad.

Había servido como general de los ejércitos por largos 20 años recibiendo los más altos honores por sus meritorios servicios en los campos de batalla.

Comenzó como simple soldado hasta convertirse en sabio y respetado consejero no sólo en asuntos militares sino también en los asuntos de la vida y de la muerte.

Ahora, cargado de medallas y de años, pasaba las horas recapitulando su vida y experiencias para sus jóvenes aprendices, los cuales se deleitaban al escuchar las entretenidas historias, las cuales enriquecían su cultura y conocimientos, claro está, constantemente interrumpían al sabio consultándole acerca de tantas parábolas sobre la libertad.

Había una vez… Dijo rompiendo el silencio el Gran Sabio — un padre de una familia acaudalada que llevó a su hijo a un viaje por el campo, con el firme propósito de que viera cuan pobre era la gente del campo y para que comprendiera el valor de las cosas y de lo afortunados que eran ellos.

Estuvieron un día y una noche completos en la granja de una familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le preguntó a su hijo:

– ¿Que te pareció el viaje?

– !!¡Muy interesante papá!!

– ¿Viste que tan pobre y necesitada puede ser la gente?

– ¡Si!!

– ¿Y qué aprendiste?

– Que nosotros tenemos un perro en casa, y ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina de 25 metros, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos lámparas importadas en el patio, ellos tienen miles de estrellas. Nuestro patio llega hasta el límite de la casa, el de ellos tiene todo el horizonte. También vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo y rara es la vez que charlan conmigo.

El padre se quedó mudo…y su hijo agregó:

-Gracias papá, por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser. —

El Gran Sabio percibió que los aprendices tenían dificultades para asimilar su historia.

Gustavo rompió el silencio esta vez para preguntar… ¿Pero cómo podemos llegar a ser lo que realmente queremos ser?…

El Gran Sabio contestó con otra historia…

Había una vez… un joven llamado Gus que fue a ver al sabio del pueblo y le preguntó:

– Señor, ¿qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio no contestó. El joven se marchó después de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado.

Volvió al día siguiente con la misma pregunta. De nuevo no obtuvo ninguna respuesta por lo que volvió por tercera vez y repitió su pregunta:

– ¿Qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio le miró y dijo:

– Si realmente quieres saber ven conmigo-

Y se dirigieron a un río cercano. Entró en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua. Pese a los esfuerzos del joven por liberarse, allí lo mantuvo el sabio un largo rato.

Al fin lo soltó y Gus pudo recuperar su aliento.

Entonces el sabio le preguntó:

– Cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas?

Sin vacilar Gus contestó:

– Aire, quería aire.

– ¿No hubieras preferido mejor riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?

– No, señor, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire – fue su inmediata respuesta.

– Entonces ya tienes la respuesta– contestó el sabio -, para conseguir lo que tú quieres debes quererlo con la misma intensidad que querías el aire, debes enfocarte sólo en ello y excluir todo lo demás.

– Debe ser tu única aspiración día y noche, debes respirarlo, vivirlo, experimentarlo…

– Si tienes ese fervor, te garantizo que conseguirás lo que quieres. —

Ya entiendo dijo Rocío; con el esfuerzo, la insistencia y centrando tu energía en una única cosa conseguirás todo lo que te propongas…

Esa es una manera de verlo -dijo el Gran Guerrero- Otro elemento se encuentra en la siguiente historia…

Esta historia transcurre en el Japón durante un período de hambre.

— Un campesino que no tenía con qué alimentar a su familia se acuerda de la costumbre que promete una fuerte recompensa al que sea capaz de desafiar y vencer al maestro de una escuela de sable. Aunque no había tocado un arma en su vida, el campesino desafía al maestro más famoso de la región.

El día fijado, ante numeroso público, los dos hombres se enfrentan. El campesino, sin mostrarse nada impresionado por la reputación de su adversario, lo espera con los pies firmes sobre la tierra, mientras que el maestro de la espada, estaba un poco turbado por tal determinación.

— ¿Quién será este hombre?, piensa. Jamás ningún villano hubiera tenido el valor de desafiarme. ¿No será una trampa de mis enemigos?

El campesino, motivado por el hambre, se adelanta resueltamente hacia su rival sin mostrar la más mínima sombra de duda. El Maestro por otro lado duda, desconcertado por la total ausencia de técnica de su adversario.

Finalmente, retrocede movido por el miedo. Antes incluso del primer asalto, el maestro siente que será vencido. Baja su sable y declara:

—Usted es el vencedor. Por primera vez en mi vida he sido abatido. Entre todas las escuelas de sable, la mía es la más renombrada. Es conocida con el nombre de “La que con un solo gesto da diez mil golpes”. ¿Puedo preguntarle, respetuosamente, el nombre de su escuela?

— La escuela del hambre –respondió el campesino… —

El Gran Sabio seguía tratando de percibir si los aprendices habían cambiado su perspectiva para poder ver otra posibilidad.

Gladys exclamó esta vez… ¡Gran Sabio, no puedo comprender el sentido de la historia que nos cuentas!

-¿Qué es lo que no entiendes Gladys?… replicó el venerable sabio.

-¿Por qué el guerrero experto, fue vencido por el otro hombre que no sabía nada?…

Otra manera de verlo -dijo el Gran Sabio- es darse cuenta que no fue vencido por el otro hombre, sino por la falta de confianza en sí mismo.

Había una vez… -continuó el Gran Sabio-

— Un hombre que se disponía a cenar, alguien llamó a la puerta de su casa. Era un monje errante que le pidió alojamiento por esa noche. El hombre lo dejó entrar, compartió con él su humilde cena y luego le cedió su propia cama para que pasara la noche.

A la mañana siguiente, antes de partir, el monje le dijo:

—Has sido amable y hospitalario conmigo, por eso, en agradecimiento, te voy a confiar un tesoro. Delante mismo de la puerta de tu casa, allí, en ese espeso bosque, vive un animal fabuloso que se llama Satori. Su vida transcurre en la copa de los árboles, allí come y duerme. El que consiga cazarlo no tendrá que preocuparse nunca más por nada; podrá conseguir todo lo que desee y vivirá en paz el resto de su vida.

El hombre se puso muy contento, y cuando el monje partió, fue al pueblo, compró un hacha e inmediatamente se puso a talar árboles.

“Con un poco de suerte -pensaba- lo sorprendo mientras duerme y antes de que se dé cuenta lo habré cazado”.

Pero el animal Satori era muy sabio y muy viejo, y además poseía la facultad de leer el pensamiento; por eso, cada vez que el hombre se acercaba al árbol donde él estaba, captando sus intenciones, se trasladaba a otro árbol.

El hombre había talado ya muchos árboles, y aprovechaba la madera para venderla como leña en el pueblo.

Así sus problemas económicos se habían solucionado. Llegó el día en que ni siquiera pensaba en el animal. Cortaba un árbol, recogía la madera y se iba. El animal Satori también había dejado de temerle. No captaba en él ningún pensamiento amenazador.

Una mañana, estaba el hombre como de costumbre cortando un árbol, cuando el animal Satori cayó a sus pies. Estaba durmiendo en la copa del árbol y no había podido detectar en la mente del hombre ni un solo pensamiento que le avisara de su presencia… —

El Gran Sabio guardó silencio para que los aprendices asimilaran el conocimiento secreto de la historia…

-Es que ¿algunas veces debemos usar otros caminos, otras vistas, si queremos tener éxito en nuestras interpretaciones… Gran Sabio?

-¿Cómo se puede conocer lo que no se puede ver?

El Gran guerrero la atrajo hacia sí y le dio un pequeño golpe en la coronilla de la cabeza mientras le decía…

-Cierra tus ojos-

– Ahora dime ¿puedes verme?

-¡No, Gran Sabio!, exclamó Gladys.

-Pero tú sabes que yo estoy aquí, dijo el sabio guerrero.

Los demás aprendices que también habían cerrado los ojos con el afán de aprender algo nuevo soltaron una risita nerviosa abriendo los ojos y exclamando:

-Por supuesto que lo sabemos, nosotros te hemos visto antes de cerrar los ojos, además podemos escucharte.

-Pero aún sin verme u oírme, yo estaría aún aquí… respondió el anciano.

Los jóvenes aprendices asintieron con la cabeza.

-Y ahora, díganme… ¿de qué otro modo podían saber que yo me encuentro aquí?

El silencio fue la respuesta. Sólo después de transcurrido un tiempo, la voz de Lupita se escuchó…

– “Yo creo que podría sentir que estás cerca de nosotros, Gran Sabio”.

– ¿Qué tratas de decirme…?, preguntó el Gran guerrero.

-¡Qué puedo verte aún con los ojos cerrados o sin mirarte!

Los otros aprendices empezaron a reírse, pero el Gran Sabio con un gesto los detuvo.

-Escuchen todos. Existen muchas maneras de conocer cosas sin verlas con los ojos o escucharlas con nuestros oídos. — Estas habilidades no sólo son importantes sino invaluables…

-Por ejemplo, el misterio de la percepción expandida… si ustedes se esfuerzan concentrándose correctamente y con la intencionalidad suficiente pueden llegar a desarrollar un nuevo tipo de percepción…

-Y cuando lo logren ustedes estarán más allá de los límites de sus cinco sentidos….

-Podrán ver con su corazón.

Habían transcurrido varios días de aquella conversación, cuando el Gran Guerrero impecable, sentado en su silla preferida reparaba una antigua arma; su pelo gris y cara surcada de arrugas reflejaban los años de dura labor, y aunque pasaba los 80, el viejo sabio aún lucía el vigor y la energía de hombres mucho más jóvenes…

Los quietos pensamientos del viejo guerrero fueron de improviso interrumpidos por los gritos de la joven Rafa y los relinchos de numerosos caballos que se acercaban.

-¿Qué está sucediendo?, preguntó secamente el viejo guerrero…

-¿Qué pasa… pero qué es lo que ocurre?, inquiría una y otra vez.

Luego, dirigiendo la mirada en dirección al patio, sólo vio oscuridad.

De pronto Eva, gimiendo y llorando, entró al cuarto y llena de angustia exclamó.

-¡Gran Sabio…! Por favor, Sálvenos…

– Elihú y sus bandidos han venido a robarnos, pero no sólo se llevaron el dinero, también han tomado prisionero a Gustavo, Verónica y Rocío y se aprestan a asesinarlos…

Colgándose de las ropas del sabio guerrero, le suplicó:

-¡Debes tomar a los demás aprendices y correr para salvar sus vidas!

El Gran Guerrero sabía que la huida nunca era el camino correcto, reacciono como había sido entrenado años atrás. Instintivamente tomó sus armas que desde hacía muchos años colgaban en la pared como adornos.

Luego se dirigió al exterior.

Aún en ese momento crucial, para el Gran Guerrero fue un agrado tomar nuevamente su Katana y Kama-Hoz, de cuyo extremo pendía una cadena.

El Gran Sabio escuchó los lamentos de los aprendices y la terrible risa de los bandidos.

El cielo estaba oscuro y caminó rápidamente al centro del patio.

De inmediato las voces a su alrededor cesaron y todos dirigieron su atención hacia el Gran Sabio que erguido los ubicaba lentamente uno a uno.

-¡Anciano! -exclamó en forma burlona uno de los bandidos-. ¿Qué crees tú que puedes hacer con esas armas?

-Los ancianos no pueden combatir, ni siquiera pueden ver en la oscuridad de esta noche… esas armas que traes necesitan ser usadas por un guerrero diestro y joven, no por un anciano decrépito.

El Gran Guerrero impecable, sin perder la calma, murmuró…

-“Tomen lo que desean y dejen a mis aprendices en paz. Si se rehúsan hacerlo no me dejarán otra opción más que matarlos”.

Dos de los hombres se acercaron ondeando sus espadas sobre la solitaria figura, pero cuando se encontraban a una distancia adecuada, el Gran Guerrero atacó con su Katana y en forma simultánea golpeó a uno de ellos en el cuello y al otro hirió mortalmente con la hoja afilada de su Kama-Hoz.

Los dos hombres cayeron heridos de muerte y nuevamente la voz del jefe de los bandidos se escuchó:

-Así que crees que eres un verdadero guerrero.

-Lamentablemente para ti está demasiado oscuro y nos hubieras dado muchos problemas de haber contado con la claridad necesaria.

-Quedamos cuatro hombres, y todos tenemos excelente vista. Prepárate a morir anciano decrépito.

El Gran Sabio no replicó y se preparó para el siguiente ataque, escuchando cuidadosamente los movimientos de sus enemigos. Rápidamente tres de ellos tomaron posiciones rodeándole, él respondió haciendo girar su cadena; en pocos segundos el extremo de la cadena se había convertido en un peligroso proyectil que giraba a una velocidad increíble.

El Gran Guerrero haciendo un movimiento con su brazo hizo que la cadena alcanzara a su adversario más próximo, al cual le destrozó la cara, luego saltando al costado, el veterano guerrero enrolló la cadena alrededor de la espada de uno de los bandidos y haciéndole perder el equilibrio lo atrajo hacia él, matándole con la afilada hoja de su Kama.

Pero antes que pudiese retomar su Kusarigama, el tercer asesino asestó un terrible golpe con su espada en la espalda del Gran Sabio…..

Este, sintiendo que el frío acero invadía su cuerpo anunciando su muerte, recurrió a sus muchos años de entrenamiento y volviéndose rápidamente con un poderoso movimiento envolvente, con sus piernas derribó a su sorprendido adversario para después, con un veloz movimiento de su corta espada, terminar la técnica abriendo el cuello a su enemigo.

El Gran Guerrero cubierto de sangre y mortalmente herido, enfrentó al líder de los bandidos… el cual expresó:

-“Has llegado al final del camino, anciano guerrero”.

Luego montando su caballo cargó contra el Gran Sabio, el cual lo esperaba con su ensangrentada Katana.

El bandido a medida que se acercaba blandía furiosamente su espada, pero el Gran Guerrero presintiendo el ataque, saltaba en el último instante, evitando así los terrible golpes; el caballo volvía una y otra vez, hasta que el viejo guerrero, llegando casi al límite de sus fuerzas, dobló sus rodillas en el suelo esperando el último y decisivo ataque.

Al verlo arrodillado el bandido se acercó y levantando su espada se aprontó a descargar el último y mortal golpe.

El Gran Sabio decidido a salvar a sus aprendices, reuniendo sus últimas energías se levantó lentamente del suelo mientras escuchaba el galope del caballo que se acercaba y en el momento apropiado evitó el ataque de la espada del bandido; luego con su cadena alcanzó el brazo del atacante derribándole del corcel y finalmente con un corte violento de su espada eliminó al último de sus enemigos.

El Gran Sabio permaneció parado por breves instantes saboreando su más importante triunfo en su larga y brillante carrera de guerrero impecable.

Sus aprendices que se habían liberado de sus ataduras, lo alcanzaron en el preciso instante que se desplomaba al suelo.

El Gran Sabio trató de ver el cielo pero solamente vio tinieblas; los aprendices lloraban desconsoladamente, pero el viejo guerrero sonriendo, expresó:

-“Niños, por favor, recuerden lo que les he dicho, deben “intentar” ver más allá de lo que ven con sus ojos, cierren los ojos y sólo mírenme con su corazón”.

Entonces, el viejo guerrero que había perdido la vista desde hacía más de 20 años, cerró sus ojos por última vez para seguir su viaje de consciencia.

One thought on “La Tercera Lección De Libertad

  1. El guerrero no ha muerto.., simplemente se transformo…la oscuridad no puede durar toda la vida…el guerrero del lado oscuro morirá por su propia espada, se rendirá ante la luz al no tener mas conjuros para mantener entrance a sus súbditos… La pregunta seria al llegar la conciencia a sus almas y que no quede mas que la retirada, el hombre sabio estaría dispuesto a recibirlos una vez mas..

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