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La Tercera Lección De Libertad

El sabio guerrero se encontraba una vez más sentado confortablemente delante de la chimenea, rodeado por sus juveniles aprendices de la libertad.

Había servido como general de los ejércitos por largos 20 años recibiendo los más altos honores por sus meritorios servicios en los campos de batalla.

Comenzó como simple soldado hasta convertirse en sabio y respetado consejero no sólo en asuntos militares sino también en los asuntos de la vida y de la muerte.

Ahora, cargado de medallas y de años, pasaba las horas recapitulando su vida y experiencias para sus jóvenes aprendices, los cuales se deleitaban al escuchar las entretenidas historias, las cuales enriquecían su cultura y conocimientos, claro está, constantemente interrumpían al sabio consultándole acerca de tantas parábolas sobre la libertad.

Había una vez… Dijo rompiendo el silencio el Gran Sabio — un padre de una familia acaudalada que llevó a su hijo a un viaje por el campo, con el firme propósito de que viera cuan pobre era la gente del campo y para que comprendiera el valor de las cosas y de lo afortunados que eran ellos.

Estuvieron un día y una noche completos en la granja de una familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le preguntó a su hijo:

– ¿Que te pareció el viaje?

– !!¡Muy interesante papá!!

– ¿Viste que tan pobre y necesitada puede ser la gente?

– ¡Si!!

– ¿Y qué aprendiste?

– Que nosotros tenemos un perro en casa, y ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina de 25 metros, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos lámparas importadas en el patio, ellos tienen miles de estrellas. Nuestro patio llega hasta el límite de la casa, el de ellos tiene todo el horizonte. También vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo y rara es la vez que charlan conmigo.

El padre se quedó mudo…y su hijo agregó:

-Gracias papá, por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser. —

El Gran Sabio percibió que los aprendices tenían dificultades para asimilar su historia.

Gustavo rompió el silencio esta vez para preguntar… ¿Pero cómo podemos llegar a ser lo que realmente queremos ser?…

El Gran Sabio contestó con otra historia…

Había una vez… un joven llamado Gus que fue a ver al sabio del pueblo y le preguntó:

– Señor, ¿qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio no contestó. El joven se marchó después de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado.

Volvió al día siguiente con la misma pregunta. De nuevo no obtuvo ninguna respuesta por lo que volvió por tercera vez y repitió su pregunta:

– ¿Qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio le miró y dijo:

– Si realmente quieres saber ven conmigo-

Y se dirigieron a un río cercano. Entró en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua. Pese a los esfuerzos del joven por liberarse, allí lo mantuvo el sabio un largo rato.

Al fin lo soltó y Gus pudo recuperar su aliento.

Entonces el sabio le preguntó:

– Cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas?

Sin vacilar Gus contestó:

– Aire, quería aire.

– ¿No hubieras preferido mejor riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?

– No, señor, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire – fue su inmediata respuesta.

– Entonces ya tienes la respuesta– contestó el sabio -, para conseguir lo que tú quieres debes quererlo con la misma intensidad que querías el aire, debes enfocarte sólo en ello y excluir todo lo demás.

– Debe ser tu única aspiración día y noche, debes respirarlo, vivirlo, experimentarlo…

– Si tienes ese fervor, te garantizo que conseguirás lo que quieres. —

Ya entiendo dijo Rocío; con el esfuerzo, la insistencia y centrando tu energía en una única cosa conseguirás todo lo que te propongas…

Esa es una manera de verlo -dijo el Gran Guerrero- Otro elemento se encuentra en la siguiente historia…

Esta historia transcurre en el Japón durante un período de hambre.

— Un campesino que no tenía con qué alimentar a su familia se acuerda de la costumbre que promete una fuerte recompensa al que sea capaz de desafiar y vencer al maestro de una escuela de sable. Aunque no había tocado un arma en su vida, el campesino desafía al maestro más famoso de la región.

El día fijado, ante numeroso público, los dos hombres se enfrentan. El campesino, sin mostrarse nada impresionado por la reputación de su adversario, lo espera con los pies firmes sobre la tierra, mientras que el maestro de la espada, estaba un poco turbado por tal determinación.

— ¿Quién será este hombre?, piensa. Jamás ningún villano hubiera tenido el valor de desafiarme. ¿No será una trampa de mis enemigos?

El campesino, motivado por el hambre, se adelanta resueltamente hacia su rival sin mostrar la más mínima sombra de duda. El Maestro por otro lado duda, desconcertado por la total ausencia de técnica de su adversario.

Finalmente, retrocede movido por el miedo. Antes incluso del primer asalto, el maestro siente que será vencido. Baja su sable y declara:

—Usted es el vencedor. Por primera vez en mi vida he sido abatido. Entre todas las escuelas de sable, la mía es la más renombrada. Es conocida con el nombre de “La que con un solo gesto da diez mil golpes”. ¿Puedo preguntarle, respetuosamente, el nombre de su escuela?

— La escuela del hambre –respondió el campesino… —

El Gran Sabio seguía tratando de percibir si los aprendices habían cambiado su perspectiva para poder ver otra posibilidad.

Gladys exclamó esta vez… ¡Gran Sabio, no puedo comprender el sentido de la historia que nos cuentas!

-¿Qué es lo que no entiendes Gladys?… replicó el venerable sabio.

-¿Por qué el guerrero experto, fue vencido por el otro hombre que no sabía nada?…

Otra manera de verlo -dijo el Gran Sabio- es darse cuenta que no fue vencido por el otro hombre, sino por la falta de confianza en sí mismo.

Había una vez… -continuó el Gran Sabio-

— Un hombre que se disponía a cenar, alguien llamó a la puerta de su casa. Era un monje errante que le pidió alojamiento por esa noche. El hombre lo dejó entrar, compartió con él su humilde cena y luego le cedió su propia cama para que pasara la noche.

A la mañana siguiente, antes de partir, el monje le dijo:

—Has sido amable y hospitalario conmigo, por eso, en agradecimiento, te voy a confiar un tesoro. Delante mismo de la puerta de tu casa, allí, en ese espeso bosque, vive un animal fabuloso que se llama Satori. Su vida transcurre en la copa de los árboles, allí come y duerme. El que consiga cazarlo no tendrá que preocuparse nunca más por nada; podrá conseguir todo lo que desee y vivirá en paz el resto de su vida.

El hombre se puso muy contento, y cuando el monje partió, fue al pueblo, compró un hacha e inmediatamente se puso a talar árboles.

“Con un poco de suerte -pensaba- lo sorprendo mientras duerme y antes de que se dé cuenta lo habré cazado”.

Pero el animal Satori era muy sabio y muy viejo, y además poseía la facultad de leer el pensamiento; por eso, cada vez que el hombre se acercaba al árbol donde él estaba, captando sus intenciones, se trasladaba a otro árbol.

El hombre había talado ya muchos árboles, y aprovechaba la madera para venderla como leña en el pueblo.

Así sus problemas económicos se habían solucionado. Llegó el día en que ni siquiera pensaba en el animal. Cortaba un árbol, recogía la madera y se iba. El animal Satori también había dejado de temerle. No captaba en él ningún pensamiento amenazador.

Una mañana, estaba el hombre como de costumbre cortando un árbol, cuando el animal Satori cayó a sus pies. Estaba durmiendo en la copa del árbol y no había podido detectar en la mente del hombre ni un solo pensamiento que le avisara de su presencia… —

El Gran Sabio guardó silencio para que los aprendices asimilaran el conocimiento secreto de la historia…

-Es que ¿algunas veces debemos usar otros caminos, otras vistas, si queremos tener éxito en nuestras interpretaciones… Gran Sabio?

-¿Cómo se puede conocer lo que no se puede ver?

El Gran guerrero la atrajo hacia sí y le dio un pequeño golpe en la coronilla de la cabeza mientras le decía…

-Cierra tus ojos-

– Ahora dime ¿puedes verme?

-¡No, Gran Sabio!, exclamó Gladys.

-Pero tú sabes que yo estoy aquí, dijo el sabio guerrero.

Los demás aprendices que también habían cerrado los ojos con el afán de aprender algo nuevo soltaron una risita nerviosa abriendo los ojos y exclamando:

-Por supuesto que lo sabemos, nosotros te hemos visto antes de cerrar los ojos, además podemos escucharte.

-Pero aún sin verme u oírme, yo estaría aún aquí… respondió el anciano.

Los jóvenes aprendices asintieron con la cabeza.

-Y ahora, díganme… ¿de qué otro modo podían saber que yo me encuentro aquí?

El silencio fue la respuesta. Sólo después de transcurrido un tiempo, la voz de Lupita se escuchó…

– “Yo creo que podría sentir que estás cerca de nosotros, Gran Sabio”.

– ¿Qué tratas de decirme…?, preguntó el Gran guerrero.

-¡Qué puedo verte aún con los ojos cerrados o sin mirarte!

Los otros aprendices empezaron a reírse, pero el Gran Sabio con un gesto los detuvo.

-Escuchen todos. Existen muchas maneras de conocer cosas sin verlas con los ojos o escucharlas con nuestros oídos. — Estas habilidades no sólo son importantes sino invaluables…

-Por ejemplo, el misterio de la percepción expandida… si ustedes se esfuerzan concentrándose correctamente y con la intencionalidad suficiente pueden llegar a desarrollar un nuevo tipo de percepción…

-Y cuando lo logren ustedes estarán más allá de los límites de sus cinco sentidos….

-Podrán ver con su corazón.

Habían transcurrido varios días de aquella conversación, cuando el Gran Guerrero impecable, sentado en su silla preferida reparaba una antigua arma; su pelo gris y cara surcada de arrugas reflejaban los años de dura labor, y aunque pasaba los 80, el viejo sabio aún lucía el vigor y la energía de hombres mucho más jóvenes…

Los quietos pensamientos del viejo guerrero fueron de improviso interrumpidos por los gritos de la joven Rafa y los relinchos de numerosos caballos que se acercaban.

-¿Qué está sucediendo?, preguntó secamente el viejo guerrero…

-¿Qué pasa… pero qué es lo que ocurre?, inquiría una y otra vez.

Luego, dirigiendo la mirada en dirección al patio, sólo vio oscuridad.

De pronto Eva, gimiendo y llorando, entró al cuarto y llena de angustia exclamó.

-¡Gran Sabio…! Por favor, Sálvenos…

– Elihú y sus bandidos han venido a robarnos, pero no sólo se llevaron el dinero, también han tomado prisionero a Gustavo, Verónica y Rocío y se aprestan a asesinarlos…

Colgándose de las ropas del sabio guerrero, le suplicó:

-¡Debes tomar a los demás aprendices y correr para salvar sus vidas!

El Gran Guerrero sabía que la huida nunca era el camino correcto, reacciono como había sido entrenado años atrás. Instintivamente tomó sus armas que desde hacía muchos años colgaban en la pared como adornos.

Luego se dirigió al exterior.

Aún en ese momento crucial, para el Gran Guerrero fue un agrado tomar nuevamente su Katana y Kama-Hoz, de cuyo extremo pendía una cadena.

El Gran Sabio escuchó los lamentos de los aprendices y la terrible risa de los bandidos.

El cielo estaba oscuro y caminó rápidamente al centro del patio.

De inmediato las voces a su alrededor cesaron y todos dirigieron su atención hacia el Gran Sabio que erguido los ubicaba lentamente uno a uno.

-¡Anciano! -exclamó en forma burlona uno de los bandidos-. ¿Qué crees tú que puedes hacer con esas armas?

-Los ancianos no pueden combatir, ni siquiera pueden ver en la oscuridad de esta noche… esas armas que traes necesitan ser usadas por un guerrero diestro y joven, no por un anciano decrépito.

El Gran Guerrero impecable, sin perder la calma, murmuró…

-“Tomen lo que desean y dejen a mis aprendices en paz. Si se rehúsan hacerlo no me dejarán otra opción más que matarlos”.

Dos de los hombres se acercaron ondeando sus espadas sobre la solitaria figura, pero cuando se encontraban a una distancia adecuada, el Gran Guerrero atacó con su Katana y en forma simultánea golpeó a uno de ellos en el cuello y al otro hirió mortalmente con la hoja afilada de su Kama-Hoz.

Los dos hombres cayeron heridos de muerte y nuevamente la voz del jefe de los bandidos se escuchó:

-Así que crees que eres un verdadero guerrero.

-Lamentablemente para ti está demasiado oscuro y nos hubieras dado muchos problemas de haber contado con la claridad necesaria.

-Quedamos cuatro hombres, y todos tenemos excelente vista. Prepárate a morir anciano decrépito.

El Gran Sabio no replicó y se preparó para el siguiente ataque, escuchando cuidadosamente los movimientos de sus enemigos. Rápidamente tres de ellos tomaron posiciones rodeándole, él respondió haciendo girar su cadena; en pocos segundos el extremo de la cadena se había convertido en un peligroso proyectil que giraba a una velocidad increíble.

El Gran Guerrero haciendo un movimiento con su brazo hizo que la cadena alcanzara a su adversario más próximo, al cual le destrozó la cara, luego saltando al costado, el veterano guerrero enrolló la cadena alrededor de la espada de uno de los bandidos y haciéndole perder el equilibrio lo atrajo hacia él, matándole con la afilada hoja de su Kama.

Pero antes que pudiese retomar su Kusarigama, el tercer asesino asestó un terrible golpe con su espada en la espalda del Gran Sabio…..

Este, sintiendo que el frío acero invadía su cuerpo anunciando su muerte, recurrió a sus muchos años de entrenamiento y volviéndose rápidamente con un poderoso movimiento envolvente, con sus piernas derribó a su sorprendido adversario para después, con un veloz movimiento de su corta espada, terminar la técnica abriendo el cuello a su enemigo.

El Gran Guerrero cubierto de sangre y mortalmente herido, enfrentó al líder de los bandidos… el cual expresó:

-“Has llegado al final del camino, anciano guerrero”.

Luego montando su caballo cargó contra el Gran Sabio, el cual lo esperaba con su ensangrentada Katana.

El bandido a medida que se acercaba blandía furiosamente su espada, pero el Gran Guerrero presintiendo el ataque, saltaba en el último instante, evitando así los terrible golpes; el caballo volvía una y otra vez, hasta que el viejo guerrero, llegando casi al límite de sus fuerzas, dobló sus rodillas en el suelo esperando el último y decisivo ataque.

Al verlo arrodillado el bandido se acercó y levantando su espada se aprontó a descargar el último y mortal golpe.

El Gran Sabio decidido a salvar a sus aprendices, reuniendo sus últimas energías se levantó lentamente del suelo mientras escuchaba el galope del caballo que se acercaba y en el momento apropiado evitó el ataque de la espada del bandido; luego con su cadena alcanzó el brazo del atacante derribándole del corcel y finalmente con un corte violento de su espada eliminó al último de sus enemigos.

El Gran Sabio permaneció parado por breves instantes saboreando su más importante triunfo en su larga y brillante carrera de guerrero impecable.

Sus aprendices que se habían liberado de sus ataduras, lo alcanzaron en el preciso instante que se desplomaba al suelo.

El Gran Sabio trató de ver el cielo pero solamente vio tinieblas; los aprendices lloraban desconsoladamente, pero el viejo guerrero sonriendo, expresó:

-“Niños, por favor, recuerden lo que les he dicho, deben “intentar” ver más allá de lo que ven con sus ojos, cierren los ojos y sólo mírenme con su corazón”.

Entonces, el viejo guerrero que había perdido la vista desde hacía más de 20 años, cerró sus ojos por última vez para seguir su viaje de consciencia.

La Segunda Lección De Libertad

El viejo desafiante de la muerte Germán siempre salía de su casa muy temprano, antes de salir el sol. Dado que su cuerpo estaba en buen estado no le pedía demasiado descanso y seguía lleno de vitalidad. Apenas dormía cuatro o cinco horas, despertaba rebosante de energía para salir a enfrentar desafíos cada vez más difíciles.

Hacía varios meses que venía observando a ese jovencito Elihú. Antes solía jugar con los chicos de su edad, pero desde hacía unos meses su comportamiento había cambiado mucho… y eso le llamaba la atención al guerrero impecable Germán. Aunque lo que más le extrañaba no era que ya no se relacionase con niños de su edad y sólo caminara junto a hombres mucho más mayores que él. Lo que más le extrañaba al guerrero Germán era el brusco cambio que había sufrido su espíritu. El sabio Germán calculaba que en estos últimos meses, el joven Elihú, había madurado el equivalente a 15 años, ya no era sólo un niño. Y eso sí que le llamaba la atención al sabio guerrero implacable.

¿Qué es lo que realmente eres? le preguntó el sabio Germán a Elihú al encontrárselo cerca del mar- “Sólo soy un joven aprendiz que camina hasta los arrecifes para poder contemplar la belleza del amanecer y la suavidad del fluir de las olas en el mar.”

– ¿Y por qué haces tal cosa en vez de alargar tu descanso como el resto de los mortales mediocres? – Preguntó el guerrero Germán.

Elihú quedó sorprendido, tardó un segundo en organizar sus ideas antes de mirar fijamente a los ojos del desafiante de la muerte y responder…

– Porque mi espíritu guarda tal ansia por vivir la vida y por actuar que le es difícil mantenerse dormido más de unas pocas horas al día. Sólo duermo lo suficiente para deshacerme del cansancio del día anterior y despertar cargado de nuevas energías. – Elihú hizo una pausa para comprobar si el Guerrero impecable captaba lo que le trataba de decir, el Sabio conocedor del corazón y las almas de todos los humanos asintió y con un gesto de su mano invitó al joven que ya no era un niño a continuar – Ver la belleza del amanecer renueva y dobla mis energías, pues hace renacer en mi espíritu la fe por las causas justas y las buenas acciones. Por otra parte el suave mecer de las olas calma mi espíritu y me ayuda a ordenar mis ideas y a organizar mentalmente mis tareas diarias de una forma más tranquila y eficiente.

– Entonces… ¿qué haces perdiendo el tiempo con distracciones? No te pierdas ni un momento tan sagrado de tu tiempo en tonterías sin sentido. ¡Lo único que se requiere es intento inflexible para lograr cualquier cosa!

Elihú, impulsivo por naturaleza, azorado de tal manera por el sabio guerrero echó a correr como alma que lleva el diablo hacia el lugar secreto donde los aprendices recibían su entrenamiento.

El sabio guerrero estaba convencido de que dentro de ese cuerpo adolescente residían el espíritu y la mente de un hombre Maduro, Sabio y Justo. Por eso quería asegurarse de que sus intenciones eran justas y de que sus actos serían los correctos. Pues en caso de que los predadores de la consciencia rigieran sus actos aquel joven sería aun más temible que el peor de los demonios, pues si una cosa era segura era que ese joven un día cambiaría las vidas de millones de personas… y él debía saber si sería para bien o para mal…

– ¿Cómo ha sido hoy el amanecer Joven aprendiz?

– Precioso – respondió Elihú resurgiendo de sus pensamientos para luego sorprenderse de que el sabio guerrero ya lo estaba esperando junto con el grupo de aprendices Circe, Gustavo, Lupita, Gladys, Teresita, Rafa y Rocío, Rosy aún no llegaba, por alguna razón se estaba tomando su tiempo.

– Acérquense y miren… – dijo el guerrero impecable Germán mientras sacaba un paquete de semillas de entre su túnica blanca – Esta es mi distracción de hoy, algunos miran el mar, otros se compadecen a sí mismos, otros siguen defendiendo sus viejos hábitos y otros buscan distracciones para perder su valioso tiempo… hoy yo he decidido dar de comer a las palomas para darles a ustedes una pequeña lección- Diciendo esto arrojó un gran puñado de semillas delante de sí. Inmediatamente un estruendoso batir de alas llenó el aire, unas pocas palomas al principio y después docenas de ellas bajaron desde el techo de la ermita hasta, literalmente, rodear a los aprendices y al gran sabio.

– Miren atentamente a esas palomas, puesto que son iguales a los humanos.

El joven Elihú no sabía a qué se refería el sabio guerrero, las palomas eran pequeñas y grises, tenían pico y alas… Rafa pensó de inmediato que las palomas no sabían hablar y volaban… ¡Eran totalmente diferentes a los humanos!, a menos que hubieran dado un salto cuántico.

Gustavo buscó alguna similitud de las palomas con los humanos pero terminó perdido en sus reflexiones antes de encontrar algo. Usualmente podía manejar 3 cosas a la vez, pero en esta ocasión había alcanzado su límite.
Circe tenía demasiadas preocupaciones como para buscar similitudes, Gladys estaba sumida en sus pensamientos sobre el pasado, Lupita tarareaba una canción que no podía sacarse de su cabeza por más que intentaba, Teresita se reía en silencio de sí misma porque una vez más, no entendía nada, Rocío tenía la mente en blanco como si el tiempo se hubiera suspendido para ella y Rosy acababa de llegar casi sin aliento, se veía como si la vida le hubiera dado una paliza y la hubiera dejado por muerta…

A pesar de todo, los aprendices sabían reconocer cuando un hombre sabio tenía ganas de hablar y dejaron que la sabiduría del guerrero fluyera por su boca como un dorado río que no encuentra ninguna resistencia a su paso, mientras riega los campos que ha de alimentar.

– Veo en sus caras que sólo cuentan con una perspectiva… ¡La Suya!, pero estas palomas, aún siendo totalmente distintas en su envoltura a nosotros… en su esencia son iguales. Igual que el agua que recorre el pozo y el cubo es la misma agua… el comportamiento de las palomas es igual al de los humanos. Lo verán sólo si tratan de verlo desde una nueva vista.

– Mírenlas atentamente, mírenlas y díganme qué es lo que ven.

– Veo a muchas palomas comiendo – Dijo sinceramente Gustavo.

– ¿Seguro? – Dijo el sabio – ¡Deja de mirar y trata de ver!

Los aprendices reflexionaron unos instantes y Elihú añadió.

– Bueno, realmente hay algunas palomas comiendo y muchas que no.

– Y… ¿Por qué esas últimas no están comiendo? ¿Acaso no hay suficiente comida Circe?

– Bueno… realmente sí hay comida y bastante, si se juntaran un poco más y se cercaran aquéllas del fondo… podrían comer más del doble de las que realmente están comiendo dijo Circe complacida por lo que consideraba era su gran descubrimiento.

Y… ¿Por qué no se acercan Rafa? ¿Crees que no tienen hambre?

– Está muy claro que tienen hambre. ¡Esa de ahí está flaquísima por desnutrición de tercer grado! dijo Rafa con su tono de rescatista, un poco más y requerirán de primeros auxilios ó terminarán como cadáveres, por cierto ví uno en la mañana.

– Gladys las miró atentamente – Parece que esas del fondo tienen miedo, y por eso no se acercan. No se atreven a hacer nada porque su pavor a lo desconocido las paraliza.

– ¿Dices que tienen miedo Gladys? – El sabio sonrió y miró fijamente a Gladys – Pues dices bien. Tienes toda la razón. Tienen miedo y por eso no se acercan. Y ¿Por qué tienen miedo? ¿Les vas a hacer algo? ¿Alguno de ustedes planea matarlas?… ¿Rafa?… ¿Teresita acaso?

– ¿Yo? – Preguntó la Joven Teresita, la más pequeña del grupo – ¡Por supuesto que no! ¡Yo sólo quiero divertirme un poco más antes de madurar!

– Bien, pues que así sea, entonces ve a abrazar y besar a tu mamá… ve a tomar de la mano a tu padre para que te sientas segura en este mundo lleno de misterios insondables.

A mí estas palomas me conocen desde siempre, pues yo ya estaba aquí mucho antes de que ellas nacieran – El Viejo Sabio señaló a la Joven Rocío y le dijo acusadoramente – Rocío, la culpa de que no coman es tuya ¿No sientes remordimientos?

– La verdad es que eso es lo que estaba pensando – dijo Rocío rascándose la cabeza y al final desesperada preguntó – ¿Qué puedo hacer?

– Bueno, puedes intentar decirles que no pretendes hacerles daño e invitarles a que se acerquen a comer. – El sabio invitó a todos con un gesto de su mano a probar – ¡Inténtenlo!

– Palomitas bonitas, palomitas bonitas – pronunció estúpidamente Gustavo con una vocecilla aguda y suavizada con una intención disfrazada– vengan a comer, no quiero hacerles daño, si no comen morirán de hambre, no quiero asustarlas, ¡Vamos, qué esperan!! ¡Se van a morir si no comen!

Las palomas miraron a Gustavo como si estuviera listo para el manicomio y se alejaron aún más con el terror reflejado en sus rostros.

– Nada, ¡no me hacen caso! – Exclamó agobiado Gustavo ¡Realmente quería que las palomas comieran!

– Puedes probar tú Rosy acercarte con un puñado de comida en la mano… – dijo el sabio Germán – quizás al ver tanta comida tengan confianza y se posen en tus manos a comer…

A Rosy le pareció grata la idea, así que cogió dos puñados de comida y se acercó lentamente a las palomas mostrándoles la comida. Estas al ver caer algún grano de las manos de Rosy hicieron el intento de acercarse, pero al ver las manos llenas de semillas de la joven principiante mientras esta se acercaba… echaron a volar espantadas por la cercanía de la muchacha hasta posarse en el techo de la vieja cabaña.

– ¡No lo entiendo! – exclamó enfadada Circe – ¡Estas Palomas son tontas! ¿No se dan cuenta de que yo sólo quiero su bien? Si pudiera hacer que entrasen en razón, de seguro tienen sentimientos como los perros… ¿Pero qué digo? – Exclamó dándose cuenta de un detalle – ¡Si son sólo palomas! ¡Son desconfiadas y cobardes por naturaleza…!

– ¡IGUAL QUE LOS HUMANOS! – Exclamó de un grito el Sabio guerrero cortando los razonamientos de los aprendices que se quedaron paralizados al ver la sutil trampa que les había preparado el desafiante de la muerte, y en sus frágiles mentes finalmente empezó a brillar la llama del entendimiento… pero todavía sólo eran unas pocas chispas dispersas que no eran capaces de alumbrar el complicado entramado de la argumentación del sabio guerrero.

– ¿Entienden todos?

– Todavía no estoy seguro dijo Elihú… ¿me quieres decir que todos los humanos son cobardes por naturaleza?

– ¡Ni mucho menos! – El sabio palmeó el asiento de piedra – vengan, vuelvan a sus lugares y en lugar de mirar traten de “ver” la esencia de las cosas.

Todos así lo hicieron… y después de un rato aún sin entender nada de lo que estaban viendo Gladys preguntó sin darse cuenta…

– ¿Que estoy viendo gran sabio?

– ¡El comportamiento de los humanos querida principiante!

– ¿Me lo puedes explicar? – Dijo Teresita, su cara era una mueca casi tan torcida… como su cabecita, que estaba ladeada en un vano intento de entender mejor el misterio.

– ¡Mejor explíquenmelo ustedes! – los jóvenes aprendices le enviaron una mirada de misericordia al sabio- ¡Vamos! ¡Descríbanme lo que ven! – contestó el sabio guerrero.

– Bueno, veo muchas palomas a nuestro alrededor – empezó Rafa resignada – unas pocas están muy lejos, mirando y alargando la cabeza, pero tienen miedo de nosotros y no se acercan porque creen que somos asesinos que sublimamos nuestro instinto asesino ayudando a los caídos.

– Rosy las señaló con un gesto – La mayoría está a una distancia de un par de brazas de nosotros…

– La distancia justa de seguridad – añadió el sabio guerrero y ante la mirada de extrañeza de los jóvenes aprendices agregó – Si estuvieran a una braza, podrían cogerlas con solo alargar el brazo. Estando a dos brazas, si hacen un movimiento brusco para intentar cogerlas… ellas tendrán el tiempo justo para echar a volar y escapar – El guerrero impecable indicó con la mano a Rosy que continuara su descripción.

– Pues estas palomas están picoteando unas cuantas semillas, aunque son pocas porque la mayoría está a nuestro alrededor – Rosy guardó silencio un segundo antes de añadir – es extraño que no se acerquen más, pues son muchas palomas para muy pocos granos.

– ¡Exacto! Continúa Rocío por favor.

– Bueno, muy cercanas a nosotros – Rocío estiró un brazo para demostrar sus palabras – dentro de la distancia de una braza están cerca de una docena de palomas… que se están poniendo moradas, pues se están comiendo la mayoría de los granos que echaste al suelo.

– ¡Muy bien! Veo que sabes describir muy bien – El sabio guerrero señaló las manos de la chica – Ahora extiende tus manos en forma de copa y dime lo que pasa.

La joven Rocío, dándose cuenta de que todavía llevaba en las manos las semillas que antes había cogido, colocó en forma de copa sus manos, igual que cuando bebía de un río… y esperó. Unas pocas semillas cayeron de sus manos, pero al momento una paloma enorme y preciosa se posó en el borde de sus manos y se puso a comer de la gran cantidad de semillas que Rocío tenía entre sus manos. Era obvio que esta era la paloma más feliz de todas, pues después de echarle un par de miradas de advertencia a la joven se puso a comer como una loca, con una gran ansia y una gran alegría.

Los demás aprendices la observaban con las bocas abiertas y sin mover un solo músculo, casi apenas respiraban de la emoción que sentían al tener al bello pájaro al alcance de sus manos.

Era lo que antes habían deseado con las otras palomas asustadizas… al ver que estaba segura en las manos de la joven humana, la paloma relajó sus plumas, retrajo una pata y se dispuso a comer esta vez de una forma más calmada y relajada… aunque con grandes bocados cada vez. Si la paloma hubiera tenido boca en vez de Pico, Rocío habría jurado que la paloma le sonreía.

– Bien jovencita – dijo el guerrero impecable Germán a Teresita sacando a la Joven de su ensoñación – estoy esperando a que me lo acabes de explicar.

– Eh… – exclamó Teresita buscando las palabras adecuadas – Una paloma está sobre mis manos también y está comiendo absolutamente todas las semillas que quiere… al principio tenía miedo, pero ahora ha visto que no tiene nada que temer de mí y come confiada y tranquila. Lo que más me extraña es que ni siquiera me había dado cuenta.

– ¿Han entendido ya lo que les quiero decir a todos?

– Aún no gran guerrero impecable – Dijo el joven Gustavo ruborizándose – creo que voy viendo alguno de los matices del tapiz, pero aún no soy capaz de admirar toda su belleza.

– Bien, te ayudaré – dijo sonriendo el Sabio Germán, en realidad le gustaba resaltar ante los demás que era el más grande conocedor del corazón de las criaturas humanas – Las palomas que ves al fondo son infelices y pasan hambre, tienen la comida a su alcance, sólo tienen que volar hasta aquí, cerca de nosotros y cogerla… pero su miedo les impide hacerlo.

Temen que les hagamos algún daño. – El guerrero impecable hizo una pausa y miró a los jóvenes aprendices, en sus rostros se empezaba a iluminar la llama del entendimiento – Realmente esas palomas son tan capaces de coger las semillas y comer como las demás, pero sus miedos les impiden alcanzar la comida… tal vez hasta creen que no hay suficiente, que si ellas comen alguien se quedará con hambre, tal vez tienen pensamientos de pobreza, carencia y limitación.

– Son tan capaces de alcanzar la comida y de comer como las demás, pero su miedo les impide alcanzar la comida cuando… ¡Simplemente tienen que hacerlo! – El guerrero miró fijamente y con seriedad a sus pupilos – Esto le pasa a muchos humanos, sólo han de actuar, de hacer las cosas, de luchar por ellas para alcanzarlas y cogerlas, las tienen al alcance de las manos… y no lo hacen porque su miedo a fracasar es más grande que ellos y por si fuera poco sostienen los pensamientos de pobreza, carencia y limitación que heredaron de su linaje y de la socialización.

– Estas palomas que están más cerca – Continuó en Sabio cambiando de tono y señalándolas – como pueden ver, y ustedes mismos lo han entendido, son la mayoría. Se conforman con unos pocos granos seguros, aunque saben que no hay bastantes para todas. La mayoría de ellas se quedará con hambre, y cada día las veras un poco más flacuchas, apenas sobreviviendo y conformándose con algún grano podrido. Esto también lo puedes ver en la mayoría de la población, se conforman con un empleo miserable y con sobrevivir.

Unos días tendrán suerte y comerán un poco más, otros días tendrán menos suerte y comerán un poco menos… sin embargo la mayoría de las veces sólo tendrán la comida justa para sobrevivir… Realmente sólo tienen que dar un pasito más, acercarse a la comida… ¡Y tendrán toda la comida que quieran!
– El sabio guerrero se encogió de hombros – sin embargo aquellas palomas prefieren estar allá, a dos brazas de nosotros porque se sienten seguras… y esa falsa seguridad las condena… porque ¿Cómo pueden sentirse seguras si en el fondo de sí saben que no hay comida para todas? – El desafiante de la muerte guardó una pausa antes de continuar – Muchas personas son así, se agarran a una falsa seguridad y viven infelices y preocupadas, engañándose a sí mismas y haciéndose pensar que son felices cuando en realidad… temen que no les llegue la comida para sobrevivir porque dependen de todo lo que les rodea, menos de sí mismos.

Los aprendices estaban con las bocas abiertas, las palabras del guerrero eran la sabiduría más pura que nunca había oído… sólo estaba describiendo el comportamiento de unas simples palomas… y estaba descubriendo el corazón humano a sangre viva… La joven Circe cerró su propia boca con la mano izquierda e intentó mantener la compostura para asimilar mejor las palabras del Sabio Germán.

– Estas otras palomas que están a nuestro alrededor ¡son afortunadas! ¿No creen? – La pregunta era retórica, así que no esperó a que alguno de los aprendices le diera contestación – ¡POR SUPUESTO QUE NO! Estas palomas simplemente han hecho lo que las demás no se han atrevido a hacer… ¡Acercarse hasta nosotros y comer! – ¡Han hecho lo contrario de lo que la gran mayoría de la gente mediocre hace!

El guerrero impecable esperó un momento a que la sabiduría impresa en sus simples palabras hiciera mella en los aprendices – Lo único que han hecho es arriesgarse a venir hasta nosotros… y comer. Nosotros no queríamos hacerles daño ¡Por eso les dimos la comida! – El Sabio Germán miró a los ojos a sus jóvenes pupilos – Y como confiaron en sí mismas, se arriesgaron… y lo hicieron… ¡ellas dormirán esta noche con la barriga bien llena! Mientras que las demás sienten envidia de ellas y piensan que son afortunadas… – El guerrero se rió de sí mismo – Dirán que son desvaríos de un viejo, dirán que son sólo palomas… que los humanos son más inteligentes, etc.

– El Sabio Germán fijó su mirada en cada uno de los atentos aprendices – ¿Pero cuántas personas duermen sintiendo envidia por los más “afortunados”? ¿Cuántos seres humanos achacan a la “fortuna” que otros tengan más que ellos? ¡BILLONES! –
El guerrero hizo batir su blanca túnica espantando a algunas de las palomas más cercanas – y ¿Por qué será? Simplemente porque no han tenido las agallas para hacer lo que debían hacer, porque no TIENEN valor para afrontar sus miedos y ¡ACTUAR! – El desafiante de la muerte andaba entre las palomas entusiasmado – ¡No se dan cuenta! No se dan cuenta de que lo único que tienen que hacer es ¡ACTUAR AHORA! – Utilizar al máximo el único momento que tienen… ¡El Presente!
– Creen – dijo bajando su tono de voz – ¡quieren creer! que la vida es cuestión de suerte, que si hay una paloma que tiene más que ellas, que está más cerca de la comida… es simplemente porque tuvo más suerte al aterrizar… y no se dan cuenta, o no tienen el valor suficiente para dar un pequeño salto y ganarse ese puesto privilegiado… ¡simplemente con unos pequeños pasos! – El guerrero impecable al fin se relajó y caminando lentamente volvió a sentarse en su mármol banco. – Las que hacen eso, las que dan esos pequeños pasos consiguen todo aquello que ansían. – Y añadió muy serio, mirando fijamente al grupo como miraría a un grupo selecto al que va a revelar la última y más grande verdad que va a dar a conocer en su vida – No crean que las palomas que tienen mucha comida a su disposición son pocas porque sea difícil dar ese salto, o porque haya poca comida… son pocas porque la mayoría de las palomas no tienen el valor suficiente para acercarse a la comida…

Ninguno de los aprendices se atrevió a decir algo, estaba bien claro lo que el sabio guerrero les había dicho.

La sabiduría de sus palabras era inmensa, cada uno de ellos por fin comprendía muchas cosas… no sólo de esa tarde, sino de toda su vida… mientras pensaba esto Rosy se fijó en la paloma de su mano, se había quedado dormida justo encima de la comida, en ese momento despertó ligeramente, cogió un buen bocado de semillas, las tragó y volvió a dormirse.

– Y esa Paloma – dijo tranquilamente el guerrero impecable – ¡Esa paloma los refleja a ustedes! – Los aprendices le miraron asombrados – Sí, porque como ustedes esta paloma no se han conformado con las migajas del suelo, ustedes has venido directamente a la fuente y se han quedado a vivir en ella. – El desafiante de la muerte se acomodó en su asiento – Si se acuerdan, al principio esta paloma estaba asustada como la que más, sin embargo vio que la recompensa por confiar, por subirse a sus manos era enorme. ¡Esta es la paloma más feliz y rica de todo este palomar! – Dijo el guerrero resaltando sus palabras con un gesto de sus brazos que abarcó todo el patio – Después de arriesgarse vio que realmente estaba segura entre tus manos y se dispuso a comer tranquilamente. Incluso ahora, mientras las palomas del fondo pasan hambre… ella duerme tranquila, con la barriga llena y con mucha más comida a su disposición. – El guerrero impecable señaló a las palomas del fondo – las demás podrían hacer lo mismo, podrían volar hasta las manos de cualquiera de ustedes a comer y dormir tranquilas… algunos de ustedes incluso se lo ofreciste a algunas, fueron detrás de ellas y ellas echaron a volar asustadas… ¿Acaso no tienen alas para volar a sus manos? ¿Acaso no tienen pico para comer? – El guerrero sonrió – Lo que les falta es un corazón puro que les infunda el valor suficiente para batir sus alas y volar hasta las manos que les ofrecen la abundancia, la riqueza y la libertad.

Los aprendices guardaron silencio para meditar las palabras del desafiante de la muerte… eran ciertas, todas las palomas tenían las mismas oportunidades, la única diferencia estaba en cual era la paloma que tenía el valor para hacerlo. Igualmente todos los seres humanos contaban con las mismas oportunidades… la diferencia estaba en quienes eran cobardes y se escondías detrás de culpabilidades, justificaciones, pretextos y “suertes”… y quienes eran valientes y hacían lo que tenían que hacer para alcanzar ese premio sublime… La libertad total.

– Aún más sabio maestro – Exclamó la Joven Circe entusiasmada – mira las palomas, algunas son blancas y otras grises, unas tienen más plumas y otras menos, unas tienen las patas enteras y a otras les ha comido algún dedo algún gato… sin embargo por ninguna de esas características externas podemos juzgar cuáles de ellas se quedarán con hambre y cuáles no, por ejemplo aquella bellísima paloma toda blanca – dijo señalando con su mano Izquierda, ya que en la derecha dormía otra paloma – es una paloma preciosa, con unas alas que sin duda le facilitarían el volar rápida y presta hasta la comida, sin embargo se queda allá, alejada y muerta de hambre porque le falta valor. Y a esta de aquí le falta una pata, y eso no le impide comer. Bellas y mutiladas, débiles y fuertes están mezcladas… pero ninguna de estas características les hace alcanzar la comida, ¡sino que es el valor y el coraje de su corazón lo que les impedirá morirse de hambre y comer!

– ¡Exacto! Has entendido muy bien joven Circe, Sólo falta una cosa – El guerrero miró fijamente a la joven – ¿Te acuerdas cuando te mandé que ofrecieras las semillas a las palomas del fondo? A las cobardes… ¿Qué ocurrió?

– Pues que huyeron, les parecería que debía de haber alguna trampa… y prefirieron quedarse con hambre a arriesgarse.

– Pues así actúan muchísimas personas queridos aprendices… ¡E incluso peor! Algunas a las que les ofreces en bandeja de oro las semillas del éxito… huirán, otras te insultarán, otras sospecharán de ti, otras te pondrán a prueba… ¿Por qué? Porque su corazón es débil y cobarde, no tienen un verdadero espíritu luchador. Y dime Rocío… ¿Quieres personas así en tu organización?

Rocío despertó en ese momento a una realidad que no había visto hasta entonces, esta no sólo era una simple lección sobre el corazón humano, la forma de comportarse de la gente y el cómo saber diferenciarlos, era también… ¡Un consejo de incalculable valor! porque si aprovechaba bien los conocimientos que hoy había adquirido podría formar un ejército de personas verdaderamente valientes y audaces, podría desechar a todas las palomas cobardes y a las que viven en un mundo de sueños y falsas realidades para quedarse solamente con aquellas que realmente eran valientes y puras de corazón, las que venían ellas solar a comer las semillas del éxito y con aquellas únicas palomas que iban directamente a comer de la fuente. ¡El suyo sería un ejército invencible!

– ¡Claro que no quiero a cobardes en mi ejército! A partir de hoy dejaré de correr detrás de las palomas cobardes y daré las semillas únicamente a aquellas que tengan el valor de saber captar y aprovechar la oportunidad a la primera. ¡Porque únicamente esas son las que me interesan! ¡Sólo las valientes y decididas!

– ¡Perfecto! – Contestó el guerrero impecable – Porque yo llevo toda mi vida intentando que las personas que son como aquellas palomas del fondo vuelen hasta la comida… ¿Y sabes lo que he conseguido? – preguntó a los aprendices – ¡NADA! Que huyan una y otra vez… créanme, por mucho tiempo que corras detrás de ellas no conseguirás nada. Y eso no es lo peor ¿Saben que es lo peor?

– ¡Sí! – Contestó la joven Lupita sorprendiendo al Sabio maestro – Que cada segundo que pierdes con ellas es un grano que le quitas de comer a una paloma que sí quiere comer de tus semillas.

– ¡Exacto! – Contesto el sabio Germán – ¿Y sabes lo que voy a hacer ahora? – El guerrero impecable miró con cara divertida a los jóvenes aprendices – Voy dejar de perseguir palomas cobardes y me voy a poner con las manos abiertas a dar semillas a las palomas valientes, pues hoy he visto que es una tarea mucho más fácil y productiva. ¡Esperen aquí un momento! – Y diciendo esto desapareció dentro de su vieja cabaña.

Rosy miró a su paloma y probó intentar colocarla en su hombro, milagrosamente la paloma encontró más agradable el hombro de la joven que su mano y decidió quedarse a dormir tranquilamente en el hombro de la que ya consideraba su almacén personal de comida.

Al poco rato reapareció el sabio guerrero con un ligero saco y su vieja escoba, y echándose el primero encima de su hombro y tomando la segunda como si de una espada se tratara preguntó a los jóvenes aprendices…

– ¿Admiten ancianos de noventa años en su organización?

– ¡Sí claro! dijo Elihú ¿Deseas ser un guerrero impecable?

– ¿Tendré que aprender a manejar las armas de guerra contra la estupidez? ¿Es necesario que me levante al amanecer y me acueste cuando la luna está en su cenit? ¿Acaso he de aprender y enseñar todo lo que sé a cientos de personas?

– ¡Sí, sí y Sí! – Respondió automáticamente Circe.

– Pues entonces vamos… ¡Que estoy impaciente! – Y añadió mirando las palomas que llevaban Rosy y Circe – Por cierto, se llevan a sus palomas-guerreras.

– Parece que sí, me ha tomado por un almacén de comida andante… -dijo Rosy – y acariciando el suave pecho de la paloma añadió – Me parece que esta paloma ya ha solucionado su vida ¡para siempre!